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Muchas veces vemos mensajes en redes sociales o artículos en periódicos, blogs … que anuncian la incorporación de alguna ‘nueva tecnología’ acompañada de afirmaciones como ‘primer centro en disponer…’ ‘primer test diagnóstico …’

Solo puedo decir que a veces me avergüenzo de mis colegas que se unen a la difusión de estos mensajes. Esto distorsiona en gran medida la percepción que los pacientes tienen de la medicina reproductiva. En numerosas ocasiones acuden a ella con la certeza de que van a realizar una compra, sí, una compra de un producto como cualquiera de los que se exponen en los lineales de supermercados o grandes almacenes.

La medicina ha progresado de forma espectacular en los últimos años, y este progreso se ha basado en el respeto a los principios básicos de la generación y la difusión del conocimiento. Cualquier prueba diagnóstica o sistema médico o tecnología tiene que evaluarse con arreglo a estos principios, analizar su sensibilidad, es decir la capacidad que tiene de encontrar un problema, su especificidad, es decir, la capacidad de acertar con el diagnóstico. Todo esto se prueba en condiciones experimentales: bajo un control estricto y con una vigilancia especial para cada caso. Los resultados de esas experiencias se publican antes del lanzamiento al mercado del test, la prueba o la tecnología. Eso se está haciendo al revés.

En muchas ocasiones se presenta una tecnología sanitaria y se le atribuyen capacidades que no se basan en ninguna experiencia previa, sino en deducciones e intenciones de los diseñadores y comercializadores del producto. En el entorno competitivo basado en la imagen que nos impone la situación actual del mercado, no es difícil encontrar quien, con la única intención de poder anunciar esa ‘nueva tecnología’ o el supuesto impacto positivo en la imagen que pueda producir el ser ‘el primero’, actúa de forma imprudente e incorpora e incluso vende a sus pacientes el uso de este o aquel método, aparato o tecnología como algo que le va a proporcionar mejores resultados que las parejas que no tienen la suerte de estar en manos del centro que es el primero en usar la tecnología.

Los fármacos, técnicas o instrumental que se emplea en el cuidado de la salud de los pacientes deben ser evaluados y probada su eficacia y seguridad antes de que se puedan emplear de forma generalizada. Esto que es un principio básico en la medicina está siendo ignorado en muchas ocasiones y el precio de esa forma de actuar lo están pagando nuestros pacientes.